jueves, 12 de marzo de 2015

Mudando la piel

Estoy mudando de piel, como los lagartos. O quizás mejor dicho; como las lagartas. Porque sí. Porque ya me he cansado de ésta. Porque ha caducado y ya no la siento mía. Porque se me despega y no atiende a razones. Porque ha decidido independizarse e irse con otra. Porque ni si quiera me ha dejado un post-it en la nevera informándome sobre ello. Por eso, estoy mudando de piel. Estoy mudando de piel porque, al fin y al cabo, es sólo eso; piel. Y lo importante no es la piel, sino lo que hay debajo, lo que te define. Porque la piel la puedes cambiar tantas veces como quieras, pero lo que hay debajo no; eso siempre resurge, siempre vuelve a ti. La piel es la fachada, lo que le enseñas a cualquiera. Pero, desde luego, no estamos dispuestos a dejarnos despellejar por cualquiera; aunque lo haga con cuidado. De hecho, la mayoría de las veces, sólo nos dejamos despellejar a lo bestia, sin miramientos y casi siempre, sin ser conscientes de ello. Dejando el alma en pelotas.

Por eso yo he decidido mudar de piel; porque al fin y al cabo, el lobo sigue siendo lobo aunque lleve piel de cordero. Y la moda se queda mona aunque se vista de seda. Lo de abajo no. Eso es más jodido, más intransferible, más nuestro, más auténtico. Así que cuidado con los que puedan ver a través de tu piel. Cuidado con los que te hagan mudar el alma, porque esa, una vez ha cambiado, difícilmente vuelve a ser lo que era antes. Esa es irreversible, intransferible (aunque el diablo siempre intente convencernos de lo contrario) e irreverente. Y, además, siempre pide explicaciones.

lunes, 9 de marzo de 2015

Los contratos

Los contratos son como las promesas, los dos se crearon para incumplirse, pero simulando que los cumpliremos; incluso, muchas veces, llegándolo a creer. 
Haciendo una reducción al absurdo, me recuerdan a cuando era pequeña y le decía a mi madre, vale, pero... ¿me lo juras? Si no me lo juras, ¡¡no me lo creo!! Y luego tu madre, aún sabiendo que te lo había jurado y las promesas, y más los juramentos, se tenían que cumplir, acababa haciendo lo que le daba la gana. Que sí, que te lo disfrazaba como tú quisieras, te salía con alguna excusa, algún vacío legal, pero al fin y al cabo, hacía lo que quería y acabábamos todos contentos.

Hoy en día vales tanto como tu palabra, esa palabra de la que eres esclavo para siempre.
Parece que aún no nos hemos dado cuenta de que las promesas están para romperlas. Nos aferramos a lo que sea para confiar en la palabra del otro, pero al final, ¿quien nos dice que esa confianza ciega no va a salir herida? Pues os diré una cosa, ni siquiera aquél que ha prometido algo con la total seguridad de que lo va a cumplir, es capaz de asegurarnos que eso vaya a ocurrir de tal manera.

Porque no, porque somos seres cambiantes, dubitativos, inquietos, altamente influenciables. Porque lo que pensamos hoy se puede desvanecer mañana, a veces incluso nos llega de golpe y porrazo alguna idea o juicio que, como un huracán, nos cambia por completo nuestra visión sobre algo. Hasta los más estables tienen momentos de flaqueza, hasta ellos a veces dudan e imaginan cómo serían las cosas si esto o aquello no fuera como es. Y, al fin y al cabo, sólo tenemos una realidad, que es la nuestra propia; la que nosotros inventamos, digerimos y finalmente defecamos para creer que nuestra vida nos pertenece y que estamos en lo cierto sobre la mayoría de las cuestiones de este mundo, por no caer en la prepotencia de decir “todas”.

Así que ahí estamos, intentando traspasar barreras que no existen, sino que nosotros mismos hemos levantado para tener siempre una excusa a la que aferrarnos, y haciéndonos promesas como locos. Buscando alguien en quien confiar, agarrándonos a un clavo ardiendo. Porque la pura realidad es que que estamos todos cagaditos de miedo…

Andamos intentando construir certezas, poniendo fín a las dudas, principios a las verdades, creando moralidades dudosas, visitando a psicólogos para poder entender lo que nos sucede, para descifrar pedacito a pedacito todo lo que pasa dentro de nosotros mismos. Y es que quizás nadie se ha planteado que lo que sucede es que es todo tan incierto que acojona, que es normal que algún traspiés nos ponga a veces las cartas sobre la mesa y nos empuje al vacío.

Que sí, que lo queremos controlar todo, incluso a las personas, en vez de disfrutar del ahora_mismo y por eso andamos haciendo promesas que muchas veces no cumpliremos, para dar esa falsa seguridad que nos libre de tanto miedo. Que dejemos ya de buscar tantas explicaciones y aceptemos que estamos acojonados y eso no tiene control. es lo que hay, o te lanzas, o te quedas esperando para siempre.

Y, pase lo que pase, y nos libremos del miedo o sea él el que se libre de nosotros, sólo puedo decir que: AMEN.
Así, sin acento, y, por los siglos de los siglos: AMEN.


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Pues yo te contrato a ti, me quedo contigo, con lo que eres y con lo que no, con lo que vales y lo que tienes, con lo que te falta y de lo que te desprendes, con(tigo), del verbo QUEDARSE, del verbo mirarte, olerte, sufrirte. Me quedo contigo, aquí y ahora, y cuando se me pase, ya veremos lo que hago con(migo). ;)

domingo, 1 de marzo de 2015

Olvida(me)

Olvídalo, olvídalo todo. Olvida todos los consejos que te he dado, los que te he intentado dar y los que no he llegado a darte. Olvida si alguna vez he pretendido que fueras alguien que no eres, y ya de paso, te pido que también me lo perdones. Olvídame a mi si es preciso. Y déjame darte el único consejo que alguna vez debí darte: haz aquello que te inspire, todo lo que te haga sentir que te has realizado como persona, aquello que llevas dentro y te hace sentirte tu mismo y a gusto con el mundo, porque es la única forma que existe de ser feliz.
No se trata de hacer daño a nadie, sino de vivir siendo tu mismo, contigo mismo, más allá de las palabras y las promesas que un dia hiciste. Somos seres cambiantes y quien pretenda que permanezcamos siempre iguales es un homicida de la condición humana y de la libertad.

La culpabilidad, otro demonio impuesto por las reglas sociales que nos gobiernan. Y te digo que no. Tampoco te sientas culpable si crees que otros han sufrido por tus errores, pues nadie más es responsable del sufrimiento que el propio que lo padece y, al final, el dolor forma parte de la vida y nos lo causamos todos a todos. Puesto que si no hubiese dolor estaríamos muertos, o lo que es peor, podridos por dentro.

No te alarmes si te llaman loco; pues la gente que no sabe vivir su propia vida suele empeñarse en limitar la de los demás poniéndoles etiquetas.

Y a pesar de todo lo que te estoy diciendo, tampoco te dejes aconsejar por ello, si tú decides quedarte aquí, si decides seguir las reglas y vivir como se espera que hagas, no dejes tampoco que nadie te convenza de lo contrario. Siguelas y vivelas, hasta el final. Haz sólo lo que quieras hacer, como quieras hacerlo. Porque al fin y al cabo, si no estás convencido de lo que haces, nunca será fructífero.
Olvida de nuevo el resto, todo lo que no vaya contigo, por mucho que te digan. Aunque tu vida no sea para nada como yo la viviría, no hay nada que pueda reprocharte, siempre que sea por elección y no por inercia. Esa es la clave de vivir, tomar tus propias decisiones y no dejar que nadie más las tome por ti.

Deja tu pasado atrás, donde le corresponde. No lo justifiques, ni lo maldigas, simplemente acéptalo y dale el lugar que se merece.
Nunca es tarde para empezar, quizás sí para terminar algo, pero NUNCA PARA EMPEZARLO. Y después de todo esto, solo queda una cosa más por decir: vive, porque muchas más veces de las que deberíamos olvidamos que ese es el único motivo de nuestra existencia, que estamos aquí para ello y que todo lo demás es eso; el resto. Y que eso te lo sueles encontrar por el camino.

domingo, 22 de febrero de 2015

Los amores reloj

Seguro que habréis oído (o leído, en varios artículos) un montón de formas de amor existentes; nos lo venden en tarros, nos lo administran en vena y todos somos muy adictos a él, pero ninguno sabemos como sobrellevarlo sin que un huracán nos atraviese cada vez que nos enamoramos.

Risto Mejide escribió en un artículo “99 maneras de quererse mal”, que es lo que solemos hacer con ese huracán interno, indomable, que confundimos con el amor; usarlo mal. Pero quizás ésta que hoy os expongo sea una de las pocas formas que he encontrado de quererse bien, que también las hay. 

El caso es que me he dado cuenta de que existen amores que son como un reloj, o más bien como las manecillas del reloj; que se persiguen para encontrarse, pero nunca para permanecer. Giran y giran en círculos, corren una detrás de la otra siguiéndose los pasos, pero cada una a su ritmo, nunca se aceleran o se pausan esperando a la otra; caminan hasta que se encuentran, celebran ese instante y se vuelven a separar. Tiene que ser así, porque ellas saben que si se detienen, el reloj se para y se estropea. Viven su vida pendientes de los instantes de encuentro, pero nada ni nadie les detiene en su objetivo vital, marcar las horas.

Hay algunos amores que funcionan de la misma manera, son grandes, hermosos y probablemente los más verdaderos que vayamos a encontrar jamás, pero no están hechos para estar juntos, para permanecer atados, para estancarse en la orilla de algún mar muerto. Ellos viven porque no se atan, y crecen y se persiguen y celebran cada encuentro como algo maravilloso. Algunos de estos amores aún no saben que lo son, y a veces parece que más que buscarse, se esquivan, para no herirse, para no perderse...

Dentro de los relojes sólo existe la dimensión temporal, y cada manecilla tiene su propio ritmo que la impulsa, inevitablemente, hacia la otra, pero al mismo tiempo, las distancia. Y eso es el tiempo dentro de un reloj. Pero dentro de las personas hay tantas dimensiones como podamos ser capaces de imaginar; hay ritmos, estilos de vida; hay formas de ser, de estar; hay capacidades de aceptación, de cambio; y hay algunos amores tan grandes que, sabiendo que van a encontrarse de nuevo, se dejan ser, estar, se dejan vivir, se dejan amar.

Amores que existen para ser, pero no para estar. Ellos son; y son tan grandes que cuando nos damos cuenta de su existencia, podemos crear amores infinitos, inolvidables y eternos, mucho más allá de cuando la muerte nos separe; son amores hasta que la vida los separe, si es que alguna de sus vidas lograra hacerlo alguna vez.

Estos grandes amores se seguirán encontrando tantas veces como quieran, tantas como deseen, pero nunca, por tiempo que pase, se detendrán en un mismo camino, porque ellos saben, que aunque sólo haya una letra de distancia, están hechos para amarse y no para atarse.

viernes, 13 de febrero de 2015

Siempre (te) espero

A veces, te espero en el hueco que se esconde entre cualquiera de las cavidades de mi arteria aorta, mientras siento que huyes de todas mis llamadas de peligro y atención.

Digo QUÉ: Te espero, de esperanza. La esperanza de que vengas a rescatarme de esta infinidad de dudas que me asaltan cada día mientras cruzo las calles, mientras camino deprisa con los relojes pisándome las suelas de los zapatos.

Digo DÓNDE: En la cavidad de mis arterias. Arterias, de arte. El arte que me galopa por las venas a modo de sangre turbulenta; el mismo que va y viene como el péndulo que dirige mi vida y mis ganas de abrazarte, de abrazar al mundo y a la vez esconderme de él para que no me salpique con sus venenosas mentiras.

Digo CUÁNDO: A veces, de quizás, de puede ser, de un ratito cada día a primera hora de la mañana y a última de la noche. Y, si me apuras, en todos los intervalos que dividen mis días, en todos los segundos que componen mi alma y en todos los pasos que vas por delante de mi.

Incluso digo CÓMO: Con los ojos bien abiertos y el corazón cerrado.Como quien espera encontrar algo que no quiere que llegue. Con el dolor muerto y el cerebro brindado. Así queriendo que vengas, pero sin querer que me encuentres.

Y así, esperándote con este montón de dudas, me encuentro con tantos cualquiera que la vida me resulta graciosa, y estallan las flores y me ampara la luna, y ninguna palabra se parece a la amargura. Y en el punto álgido de la noche, los días se convierten en semanas, las semanas en meses y los meses pasan por mi lado como si no me vieran, como si no existiera, como si, al fin, los (d)años ya no dejarán huella.

jueves, 3 de julio de 2014

Ets l'única persona que pot canviar el món

Un dia et lleves i tot és diferent. Passeges per la ciutat que t'ha vist crèixer i sembla que res ha canviat; els mateixos sorolls, la mateixa contaminació, la mateixa gent amb les mateixes presses... Però tu avui ho veus tot d'una altra manera, t'ho mires tot somrient i sembla que fins i tot la ciutat que tan t'emmalaltia et comença a donar glops i glops de vida, i comença a fer-se el lloc més espectacular del món; o si més no, del teu petit món.
Aquell dia, et sents invencible, amb ganes de fer-ho tot i capaç d'arribar a tot arreu. L'escenari és el mateix, però tu no, alguna cosa dins teu ha canviat i t'ha donat una espurna de llum (per vèncer la foscor). Aquell dia és quan t'adones que, passi el que passi al teu voltant, tu ets l'única persona capaç de canviar el món; el teu món!

domingo, 22 de diciembre de 2013

Menys línies de les que et mereixes

De vegades somio amb tu, amb la pols de la teva anatomia,
amb el teu cos sinestrament encaixat entre fustes.
Somio amb tu, amb el teu rostre pàlid i congelat,
amb el tacte d’un últim petó de pedra.
Somio que vas arribar a ser tantes coses
que he perdut el compte de totes les petites parts que han marxat de mi.
En aquestes dates, ja veus, després de 3 anys somio amb tu.
Desperta, adormida, somio amb tu.
Però sé que somiar no és tan dolent,
i és el primer cop que t’escric després de 3 anys, sense quedar-me bloquejada.