martes, 28 de abril de 2015

Ojalá que llueva café en el campo (o en todas partes)

Quiera el mundo o no, voy a seguir viajando. Viajando al centro de mi Tierra, hasta que encuentre el fuego que se esconde en ella. 
Y espero que llueva café.

Viajaré hasta llegar allí dónde encuentro a todas mis ideas acurrucadas en tu regazo y, al verme, se unen para recibirme con ese tímido saludo que surge al saberse descubiertas.

A dónde cada una de las luces que alumbran mis días se encienden con la fuerza de un volcán y no hay interruptor posible que las apague.

Al lugar exacto dónde me esperas juntando todas mis partes para devolverme mi saco de dudas hecho trizas.

Allí dónde desaparecen todos los límites de mi existencia y cargo con mi mundo a cuestas para llevarlo contigo. Y llegar hasta el mismísimo infinito, o un poquito más allá.

Al punto en el que desaparezco en mis versos para reaparecer en cada una de tus estrofas y en cada uno de tus alientos.

Al lugar recóndito dónde la Luna se une al Sol en un pacto eterno de amor y da a luz a un misterioso eclipse que responde a todas las preguntas que algún día nos hicimos y a las que aún nos quedan por hacernos.

A ese rincón lejano dónde la locura se mezcla con la razón y concluyen en un mismo fin. Y el corazón y el orgasmo no dejan de ser dos palabras distintas para nombrar a una misma cosa.

Allí dónde soy más yo de lo que nunca he sido y soy más tú de lo que nunca he creído ser.

A dónde todos mis mitocondrios parecen entenderme y pertenecerme. Dónde mis fracasos y defectos, hartos de vivir contenidos, explotan y se abren paso con esa fuerza suprema que arrasa con todo lo que no está firmemente arraigado a mi.

Al preciso lugar dónde se empieza a conjugar mi mundo, tu mundo, con nuestros verbos de chocolate y nuestras palabras de juguete, con estas alianzas de plastilina y nuestros tan recurrentes cuentos infantiles.

Seguiré viajando hasta llegar a ese maldito punto. 
Porque hay que andar aunque sea en círculos. 
Hay que avanzar aunque sea con 100 pasos hacia delante y 99 para atrás. 
Y parar a descansar si es preciso, pero no por demasiado tiempo. 
Porque hay que seguir buscando, y probando. 
Hay que seguir cayendo, y levantándose. 
Hay que seguir fallando para poder acertar.

Porque hay que vivir jugando.
Y la vida es ese juego en el que sólo gana el que consigue descifrar todas las reglas sin hacer(se) trampas.

Así que seguiré jugando y viajando.
Porque… ¿Sabéis qué? ¡Que ha empezado a llover café! 

Y creo que se avecina una tormenta.

martes, 14 de abril de 2015

Ready, steady, go!

Saltar al vacío, contigo, sin ti, pero saltar al fin y al cabo. Ese vacío que hemos hecho tan nuestro, y tan grande. El mismo que a veces nos crean las personas que nos rodean. O bien nosotros mismos, dando importancia a un alrededor que no la tiene, o no la debería tener.
El vacío que somos nosotros. El vacío del que venimos, el vacío hacia el cual vamos. Porque ¡estamos vacíos! Tenemos el corazón lleno de nada, que es lo mismo que vacío. Con lo que pesa a veces!
El mismo vacío que no es nada y que, paradójicamente, nos consume poco a poco… Por eso voy a saltar, sin mirar abajo, ni arriba. Sin mirar atrás. De hecho, sin mirar a ningún lado; voy a saltar con los ojos cerrados. Saltar como saltarías si te dijeran que mañana te cortan las piernas, justo ahí, en el minuto anterior, saltarías con tantas fuerzas que te parecería que tus piernas no son tuyas. Cómo correrías y bailarías si supieras que no vas a poder hacerlo nunca más.
Porque ahí estamos, con nuestras cosas, con nuestros deseos, pero siempre anhelando aquello que no tenemos y dando tan por supuestas todas las cosas que se nos han dado sin merecerlas.
Venimos al mundo, la mayoría, con un cuerpo que en poco tiempo se hará autosuficiente, y a partir de ese momento, todo se centra en la búsqueda de algo más. Y es así, es el sentido humano, la búsqueda, las preguntas, y más nos vale, porque el día en que dejemos de buscar, ya estaremos medio muertos. Así que yo, como dice Extremoduro, seguiré buscando esa estrella, pero no en estado de espera, sino saltando al vacío!

domingo, 5 de abril de 2015

No sé vivir con los ojos cerrados

Aún no estoy preparada para vivir con los ojos cerrados, lo he intentado, pero no lo consigo. ¿Como lo hacéis los que sabéis hacerlo? La luz me molesta y necesito abrirlos de nuevo para ver qué pasa. Todo me crea curiosidad. Las legañas me pican.
¿Como se estudia, cómo se aprende a mirar la vida como si nada estuviera ocurriendo por dentro, como si la vida estuviese simple y únicamente fuera de uno mismo? Porque yo me veo más vida dentro que fuera, y tampoco sé apagarla, no puedo. No sé, no me han enseñado. O no, es que no me apetece, no me da la gana. A saber... ¿Dónde está el otro planeta; aquél en el que hablar no es delito y soñar es una materia que imparten en la escuela? Me quiero mudar allí, a ese planeta. Me da miedo éste. Está lleno de zombies, y noto que me persiguen, que me miran. Quizás me están espiando para demolerme y demoler así mi otro planeta; el de dentro. Es ese, el que os decía. Y es que aunque nunca os lo haya confesado, me he dado cuenta de que soy extraterrestre...!