domingo, 22 de marzo de 2015

(RE)Enamorarse

Dicen que nunca te vuelves a enamorar como la primera vez, que hay amores que te salpican de tal manera que se quedan grabados en ti y no te los quitas ni con KH7. También dicen que los amores prohibidos son los más intensos, por la locura que llevan escrita. Y que tardamos en olvidar el doble de tiempo de lo que hemos amado.

Pero no estoy de acuerdo. Dejadme que crea que son todo ideas inventadas por los comerciales del amor en rebajas. Aquellos que venden y hablan de amor como venden y hablan de aspirinas y del dolor de cabeza.

Creo que es cierto que nunca te enamoras como la primera vez, y menos mal! Porque eso supondría no haber aprendido nada. Cada vez te enamoras -quizás- con menos frecuencia, pero te enamoras mejor. Sufres menos -aunque probablemente duela lo mismo, porque el dolor que sentimos siempre es proporcional a nuestra madurez- y lo disfrutas más. Eres más consciente de la realidad e intentas darte menos golpes contra la pared. Seguramente, con más amor y menos proyecciones, que al final, es de lo que se trata.

Sólo hay una forma de enamorarse, y es la misma durante toda la vida; esa a la que algunos llaman “hasta los huesos”, “hasta la médula” o “hasta las trancas”. Aunque a mi me parecería mucho más acertado decir que nos enamoramos de cada una de las células que componen el cuerpo del otro, y de los 21 gramos de su alma. Sobretodo, de lo segundo. 

Y es que creo que así y sólo así nos podemos enamorar. 
Irracionalmente. 
Apasionadamente. 
Impulsivamente. 
Y, por encima de todo; sin mirar atrás.

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