Olvídalo, olvídalo todo. Olvida todos los consejos que te he dado, los que te he intentado dar y los que no he llegado a darte. Olvida si alguna vez he pretendido que fueras alguien que no eres, y ya de paso, te pido que también me lo perdones. Olvídame a mi si es preciso. Y déjame darte el único consejo que alguna vez debí darte: haz aquello que te inspire, todo lo que te haga sentir que te has realizado como persona, aquello que llevas dentro y te hace sentirte tu mismo y a gusto con el mundo, porque es la única forma que existe de ser feliz.
No se trata de hacer daño a nadie, sino de vivir siendo tu mismo, contigo mismo, más allá de las palabras y las promesas que un dia hiciste. Somos seres cambiantes y quien pretenda que permanezcamos siempre iguales es un homicida de la condición humana y de la libertad.
La culpabilidad, otro demonio impuesto por las reglas sociales que nos gobiernan. Y te digo que no. Tampoco te sientas culpable si crees que otros han sufrido por tus errores, pues nadie más es responsable del sufrimiento que el propio que lo padece y, al final, el dolor forma parte de la vida y nos lo causamos todos a todos. Puesto que si no hubiese dolor estaríamos muertos, o lo que es peor, podridos por dentro.
No te alarmes si te llaman loco; pues la gente que no sabe vivir su propia vida suele empeñarse en limitar la de los demás poniéndoles etiquetas.
Y a pesar de todo lo que te estoy diciendo, tampoco te dejes aconsejar por ello, si tú decides quedarte aquí, si decides seguir las reglas y vivir como se espera que hagas, no dejes tampoco que nadie te convenza de lo contrario. Siguelas y vivelas, hasta el final. Haz sólo lo que quieras hacer, como quieras hacerlo. Porque al fin y al cabo, si no estás convencido de lo que haces, nunca será fructífero.
Olvida de nuevo el resto, todo lo que no vaya contigo, por mucho que te digan. Aunque tu vida no sea para nada como yo la viviría, no hay nada que pueda reprocharte, siempre que sea por elección y no por inercia. Esa es la clave de vivir, tomar tus propias decisiones y no dejar que nadie más las tome por ti.
Deja tu pasado atrás, donde le corresponde. No lo justifiques, ni lo maldigas, simplemente acéptalo y dale el lugar que se merece.
Nunca es tarde para empezar, quizás sí para terminar algo, pero NUNCA PARA EMPEZARLO. Y después de todo esto, solo queda una cosa más por decir: vive, porque muchas más veces de las que deberíamos olvidamos que ese es el único motivo de nuestra existencia, que estamos aquí para ello y que todo lo demás es eso; el resto. Y que eso te lo sueles encontrar por el camino.
